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El gigante ha cambiado de imagen.

Han pasado ya un par de días y más allá de la sorpresa inicial, no he sentido un gran terremoto. Y para mi eso es lo mejor de todo.

Ha sido un gran cambio romper con la continuidad de las serifas, que habían conservado desde sus primeros logotipos allá por el 98, para elegir un aspecto geométrico, limpio y plano. Quizás pueda ser esto lo más criticable: el subirse a la ola del diseño geométrico y plano, tan de moda desde hace un tiempo, puede restar diferenciación y personalidad. Da la sensación de que, un gigante tal, debería ser quien rompa el hielo, marcando tendencia, como lo hizo Aol a finales de 2009 con la adopción de una tipografía así y una estrategia gráfica muy arriesgada hace casi seis años.

 

Aunque quizás esa falta de personalidad no sea tal.

He comentado que, para mi, la naturalidad con la que he adoptado el cambio es algo positivo, porque más allá de los cambios de forma hay dos cosas que creo que destacan dentro de esta identidad corporativa: sus colores y el espíritu funcional de sus herramientas. Y ambas siguen ahí.

Porque una buena identidad corporativa va más allá de su logotipo.

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