Software libre

La libertad, aunque relativa y muchas veces falsa, es una aspiración natural en el ser humano. Imagino que como una añoranza de aquella época pre-civilizada, cuando únicamente atendíamos a nuestros instintos y no a reglas sociales impuestas por otros.

Con la adopción de la tecnología en nuestras vidas no hemos hecho más que aumentar la complejidad de esas reglas, que ya no están sometidas al sentido común, sino a los dictados de aquellas compañías que nos ofrecen sus servicios, como si nos hiciesen un favor.

Por ello, desde hace años, ronda por mi cabeza el deshacerme de las ataduras de las compañías de software, y animado por corrientes aperturistas como los proyectos de Mozilla o Android, he anhelado el poder eliminar ciertas ataduras. Y si bien a lo largo de los años he podido hacerlo en muchos de los servicios que utilizo como navegador, reproductores o suites de ofimática, hay un gran escollo para poder dar el salto definitivo a un sistema libre como Linux: los programas de diseño.

Y es que Adobe, al imponerse como un estándar en el mundo del diseño profesional, ha hecho casi imposible la tarea.

Aún así he decidido lanzarme a la piscina e instalar Ubuntu en mi viejo Mac y añadir todo aquello que pueda necesitar; Libreoffice, Gimp, Inkscape, Krita, Blender y Firefox. Algunos los uso desde hace años, otros apenas los he manejado, pero creo que puede ser interesante como profesional conocer una alternativa que me permita desarrollar mi trabajo en cualquier circunstancia.

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